La pintura de Casas apunta hacia una verdad indefinible, que se sustancia además en el tiempo y que, en cierto modo, nos redime. La frágil soledad de algunos de sus retratos son rostros convertidos en memoria, como un atlas de la carne que desea volver a la vida y escuchar de nuevo una sola palabra que le fue susurrada al oído cuando nacía el día. (Daniel Capó)

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